- Dámaso, después de lo que te ha acontecido en los dos últimos capítulos, necesitas unas vacaciones; sé que has sufrido deseando tu muerte, pero ya verás como no es para tanto. Cuando te enfríes lo verás con mayor lucidez. Una cosa no es la misma analizada en caliente que en frío. Así se lo dije y va el maricón y se me larga a Egipto. ¿Pero qué coño haces ahí, pisando arena y tragando polvo?, le pregunté cuando me llamó.
- Estoy de vacaciones, ¿no se acuerda que me las dio usted? El sitio es lo de menos, ¡a mí que más me da! ¿Que hay que ver pirámides?, pues se ven y santas pascuas.
- ¿Y el dinero?
- Un banco, que se instaló nuevo en el barrio, me dio un crédito en forma de tarjeta. Ya veremos cómo y cuándo pago. No se preocupe, me salió barato, aproveché una oferta y cuando acordé me metió la agencia en el avión.
- A lo hecho pecho. Tenme al menos informado de tu visita a esa solanera.
Y así fue. En conversaciones puntuales me iba informando mediante el teléfono –a mi cargo las conferencias, claro- de lo que estaba sucediendo; pues resulta que había sido descubierta en la Gran Pirámide un túnel desconocido y una cámara con nuevos signos jeroglíficos que resultaban indescifrables, y un sarcófago que se alejaba su aspecto y conservación de las costumbres al uso. Yo, al final de todas las llamadas, recapitulé todo lo que me había contado y la historia quedó desde el principio como sigue:
El titular del Ministerio de Conservación del Patrimonio Artístico de Egipto, interesado antes que nada en el esclarecimiento rápido del caso, habló con su homónimo alemán encareciéndole la ayuda necesaria para descifrar y poner en claro el importante hallazgo. Gente metódica. Se presentó a pie de obra un trailer cargado de material electrónico, avituallamiento y equipo humano: un arqueólogo y cinco ayudantes.
- ¿Por dónde se entra?
Salieron treinta dos días después.
- ¿Qué tal?, preguntó el ministro.
- La momia es egipcia y creemos datar su existencia entre el 2.100 y 2.400 a. C.
- ¿Y qué más?, preguntó impaciente el ministro.
- No podemos ampliar más datos hasta que sean analizadas las muestras en nuestros laboratorios.
- ¿Y cuanto tiempo...?
- Alrededor de dos meses y medio.
Y se fueron tan panchos. Mucho tiempo, le dijo el Presidente al ministro. Estos alemanes son demasiado minuciosos y aplicados, y perseveran más de la cuenta en sus trabajos. Nos interesa la rapidez, hay que mostrarles al mundo cuanto antes nuestro descubrimiento con sus antecedentes.
Y vinieron los ingleses. Un avión, dos arqueólogos, tres ingenieros, nueve ayudantes, material electrónico puntero, placas solares, equipos de sonido y hasta un minúsculo pero eficaz laboratorio suficiente para aislar una prueba y analizarla por el método del carbono 14.
- Enséñenos el agujero. Muy serios ellos.
- Salieron veinticinco días más tarde.
- ¿Qué?, preguntó anhelante el ministro esperando ya respuestas concretas en ese momento.
- La momia la situamos entre el 2.050 y el 2.200 a. C.
- Bien, muy bien, ¿y qué más?
- No le podemos dar más detalles hasta tanto sean investigados los prototipos en Londres. Este asunto se nos presenta muy difícil dado que los signos jeroglíficos son nuevos y no están estudiados.
- ¿Y cuánto tardarán?
- Estimamos que antes de cuatro meses conocerán algún resultado.
En la conferencia que Dámaso me informó sobre esta última noticia le pregunté si todo esto que estaba sucediendo era real o se lo estaba inventando. Me informó que todo era cierto, que la gente estaba además de asombrada algo revuelta. Las supersticiones están a flor de piel y el gobierno, molesto: le acusan de incompetencia.
- Yo no me pierdo el final, he retrasado mi partida para ver como termina este bodrio.
Esta vez el Presidente tomó el rábano por las hojas y llamó a España como último recurso. Son unos chapuceros –dicen que dijo-, pero a veces aciertan: son diligentes, ubicuos, festivaleros... y hasta pueden darnos los resultados en alejandrinos. Son capaces.
- Sea lo que Alá quiera, se dijo.
Al día siguiente, a las 9 de la mañana, llegaron a la Gran Pirámide dos guardias civiles con un maletín. Habían sido reclutados de alguna parte de las Provincias Vascongadas y de unas oficinas en las que poco se iban a notar sus ausencias.
- ¿Cuándo llega el equipo y el material? Miren que lo que nos urge es solucionar este caso lo más rápidamente posible.
- Todo está en el maletín de mano. ¿Por dónde se entra?
A los tres días salieron del túnel.
- ¿Qué?
Mire usted, señor ministro, la momia atañe al período arcaico, II dinastía, reinado de Aha; año 2.293 a. C. y pertenece a un joven de 15 años, muerto de meningitis, hijo del faraón y de una sacerdotisa. En una cámara superior a la suya se encuentra otro sarcófago de su hermana, menor que él...
- ¿Oiga, oiga, y todo eso en tan sólo tres días?, preguntó extrañado.
Y la Benemérita, creyendo que se había excedido en el plazo, dijo:
- Oiga, no se queje. Es que la momia en un principio no quería hablar.
- A este Dámaso lo voy a escamochar.


¡¡... Si no hay nada tan eficiente y eficaz como la guardia siví!!.
A esa figura por mi tierra, Cisneros, se la llama "sacar leche de una alcuza..."
No entiendo lo suficiente, amigo Mayoral. ¿Qué figura? Eso de "sacar leche de una alcuza" (he tenido que mirar esta palabreja, que me gusta) me imagino que es afrontar retos o algo así, ¿no? Explícate, que los que no son de tu tierra, desgraciadamente no conocemos los términos. Tan rica es nuestra lengua y tan ricas nuestras mujeres...
Por muy rica que sea nuestra lengua -- que lo es -- más ricas son nuestras mujeres. Y eso que yo perdí el sentido del gusto tiempo ha; de la misma manera que en mis tiempos del gusto mi lengua no era de las mas habilidosas...
Joder, "sacar leche de una alcuza", no es cosa fácil; como no es cosa fácil hacer hablar a la momia , ¿no crees tú?
Este Damaso!!!!vaya las que se gasta....pero como siempre nos ha entretenido un rato, con la querida Guardia Civil y todo....
Besos, Mireya
Hay Dámaso que bien te va, cuando vuelc¡vas cómo pagarás?, o te quedas alli con los amiguetes de verde.
Besos.
Ja.ja.ja. Damaso te hizo lo que el perro de la quiniela , que se te a ido y te dejo, pero mira así te tiene informado. haber si te trae un poco de arena. je,je.
Cisneros...
Paso po aquí para saludarte.
Me gusta la historia que estás contando. ¡Vaya imaginación!
Un abrazo
Ja, ja, ja, cada vez me gusta más Dámaso, me cae bien la gente con imaginación y además con sentido del humor. Sigue, Dámaso, sigue que vas muy bien. Un saludo.
Aclarado, Mayoral. Gracias.
Un abrazo
Mireya, Este tío se lo pasa bien dondequiera que esté. Es un tarambana que sólo vive para pasarlo guay. Y yo sufriendo por él.
Fantasmita, de cómo pagar las cuentas no hay que estar preocupado, tiene recursos suficientes para salir airoso de los trances económicos. No, allí no se queda, ¿no ves que no hay mujeres y hace mucho calor?
Teresa, este tío es un desagradecido, con lo que me debe y ni un recuerdo de Egipto, con los que me gustan a mí los papiros. Va a su bola.
Iluminada, bienvenida a la historia, abierta a buscarle andaduras a este pobre hombre. Lo quise matar, pero sus amigas lo libraron. Así que está bien que le propongais caminos por donde andar.
Celebro conocerte.
Hola, Señora, con esa intención está hecho este blog, para contar historietas con humor, que ya la vida es demasiado tensa.
Encantado de conocerte.
Saludos
Siento tan lejos a mi Damasito que no veo la hora de que vuelva y este bien cerquita mio... No se me enamore de una egipcia y le pierda de vista...
Un besito!!
Tu, tranqui, Dulce, las impresiones que yo tengo es que vuelve. Allí pasa mucho calor, come mal, y dice que no conoce a las egipcias porque van tapadas de cabeza a pies y no sabe si son feas o guapas, si están buenas como sus conquistas de por aquí o no. No se arriesga, ya sabes tú como es él. Pero te adelanto que lo noto algo cambiado, más moderado, menos rochero, menos mundano. Algo le ha debido pasar por ahí. Ya veremos.
Un beso grande