Cambiada la cerradura, queda tranquilo. Como se halla a dos velas, revisa otros libros por si Maruchi escondiera más dinero entre las páginas. Vano intento, ella mantuvo todos los ahorros en el Anticristo, libro que no ha vuelto a aparecer. Lo quemó para evitarse problemas serios con esa mujer en el supuesto de que lo encontrara. Piensa en las tarjetas de crédito y decide llamar al Sistema de Operaciones, Medios de Pago, por ver si le amplían el crédito.

Suena la musiquilla de rigor y una voz de metal le iba indicando las teclas que debía presionar según qué interés le guiara. Y optó por el trato personal, que en lugar de estar en el último lugar deberían ponerlo al principio y así ahorramos llamada.

- Pues sí, aquí me aparece una Visa.

- No puede ser, yo tengo dos tarjetas. Dos, oiga, dos Visas. Y bien que me las cobran ustedes; mis buenas comisiones pago cuando las saco de la cartera.

- ¿Y qué quiere, que le anule una? Pero si sólo tiene una, si lo pone aquí en la pantalla.

- Ni hablar del peluquín, tengo dos y no quiero eso. Usted no se entera. Páseme con un apoderado.

- No va a poder ser, estas no son horas para que el apoderado esté trabajando.

- Bueno, pues dígame si me puede usted ampliar la línea de crédito.

- De cuál Visa, de la que tengo en pantalla o de la que usted tiene y yo no veo.

- De la que sea, me da lo mismo.

- Pues va a ser que no, porque eso lo lleva otro departamento y no está.

- ¿Quién?

- El Departamento, ¿quien va a ser? No está de servicio. De todas maneras le adelanto que usted tiene problemas, porque es verdad que me aparece una Visa, pero es que hay otra suya que no es Visa. Debería ir a su oficina para...

- Y claro, usted es tuerto y mira con un ojo la pantalla; por eso ve la mitad de la información. Entonces, ¿qué hago?, porque yo quiero terminar de hablar con usted antes de que termine la semana. ¡Nos van a dar las uvas!

- Me quedo yo con el encargo. Que pase usted un buen día.

- ¡Y me cuelga! Tiene cojones el tío este. Vaya muerto.

Pasea nervioso por el salón cavilando la manera de hacerse con dinero. ¡Ya está, la Casa de Empeño! Descuelga un reloj de pared antiguo regalo de su abuelo, quien lo premió por ganar el mayor y más fino salto de pídola entre participantes de la provincia. Le pasa un paño para quitarle el polvo que acumulaba desde entonces y se lo lleva.

- Doscientos euros, no hay más.

- Vengan. Salió a la calle. Estoy salvado, gracias abuelo por acordarte de mí el día del salto, si me estás viendo te darás cuenta de la necesidad que tenía de empeñarlo, pero no te preocupes porque don Procopio, el párroco de Carabanchel, te va a decir una misa por todo lo alto. Es que es un cura de pobres y no cuesta, ¿sabes?

No sabe qué hacer y pierde el tiempo paseando. En la Gran Vía entra en La Casa del Libro, ahí siempre se ve gente con clase, gente fina con la que da gusto poder pegar la hebra. Es más, según por la lectura que se interese, él podría decir cómo es la persona, que gustos tiene, cómo viste, qué modales le adornan...

Como a ratos lee (los ratos que le deja libre su vida disoluta) a Erasmo, se dirige a la sección de libros clásicos. Una jovencita tiene en sus manos un tomo de Aristóteles, pequeño como ella. Jovencita y mona y de pechos acentuados, pero de piernas cortas que no van con sus gustos. La sondea.

- ¿Para alguna tesina?

- Sí; en principio no es sobre este autor. Mi intención es sobre Erasmo de Rotterdam, pero no lo encuentro.

- No lo vas a encontrar porque es mi autor preferido, vengo aquí de vez en cuando y observo que no lo reponen. Pero si tanto te interesa, yo tengo en casa el "Elogio de la locura" y "Coloquios familiares" que los pongo a tu disposición.

- Ah, pues es muy interesante tu oferta, la tendré en cuenta porque no la encontraré mejor ni más barata. Sí que me hacen falta.

- Toma mi tarjeta, ahí figura el número de mi móvil, me llamas y te los traigo aquí mismo.

- Pues te quedo muy agradecida, porque si no lo encuentro echaré mano de ti.

- (A ti se que te echaba yo mano).

- ¿Dime?

- No, decía que sería un placer ayudarte.

- ¿Por ventura, no serás un aven, un capacitado para descodificar mujeres? Es que me extraña tu bondad y tu solidaridad, valores que hoy ya han desaparecido.

- ¡Quita allá, mujer! Yo no seduzco mujeres, sino todo lo contrario. Me encuentro en el otro lado, el de los fruscros (frustrados corrientes, ¿sabes?), soy un tipo sin control de mi vida emocional, solitario, falto de cariño y comprensión. Lo normal, ¡qué quieres que te diga! Un pringado en lenguaje antiguo.

- Menos mal; perdona pero es que como ahora hay tanto hombre que va sobrado por el mundo...

- Soy inofensivo, te lo juro. Los libros te los ofrezco sin ninguna intención maliciosa.

Y se despidió de ella pensando que era una lástima que a él le gustaran las mujeres de piernas largas y cintura estrecha y no se conformara también con otras como ésta a la que le faltaban tan sólo cuatro centímetros de pierna.

- Bah, tampoco es tan importante, porque de lo demás está sobrada. Esperemos a ver qué decide la moza.

Atravesó la Puerta del Sol con dirección a la Plaza Mayor e hizo una parada en la taberna Quitapenas, creada por una asociación taurina de Pamplona.

- Un vino de la Navarra alta. Y leyó en un cartel que al frente había bien visible:

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Si quieres ser moderno y elegante

ven a Quitapenas de las diez en adelante.

.

- ¿Qué pasa, que tenéis jaleillo por las noches?

- Aquí siempre presente el buen ambiente.

- Joder, todo está en verso en esta casa.

Se le hace de noche en la plaza recorriendo los garitos y catando vinos, pues no había echado en el olvido la entrevista a Botín Espléndido para dentro de unos días que le había encargado la revista para la que iba a trabajar. Ya de noche encamina sus pasos al Irish Pub para ver a su chica y quedar para mañana. La halla enzarzada en una conversación áspera, aunque de tonos bajos como corresponde al local, con un individuo nervioso, robusto y de poca confianza. Se iba a acercar pero Margarita lo detiene con un gesto de la mano. Es ella la que viene hacia él.

- Es mi antiguo novio, que dice que sigue enamorado de mí, que vuelva con él y que sólo seré para él o para nadie.

-¿Es que tú lo quieres?

- Yooo, ni verlo. Me estaba diciendo que como se entere que se interponga otro entre los dos que le corta los huevos.

- ¡Hostias!