Hay que tener mucho cuidado con lo que se habla y con quién se habla. Mi amigo Indalecio mete la pata casi siempre, y con su mujer, más. Es un caso aparte. Yo, que soy parco y comedido con las palabras entre la pandilla de amigotes, no sé ni cómo tengo por amigo a un tipo tan explosivo. Hay reconocer, para otorgarle el perdón de los misericordiosos, que hizo sus pinitos en el cine y esta profesión, bien es verdad, trastoca mucho las cabezas. Considera su vida familiar y profesional como una continuación de sus guiones cinematográficos y se lía. Y se lía de cojones.
Siempre le estoy dando consejos, sobre todo para su casa. Su mujer, la Clau, que está para mojar pan, dicho sea de paso, y es más lista que el hambre, cada vez que le hace una pregunta es una emboscada que le tiende. Ya va aprendiendo, pero todavía no llega. Si estamos con amigos, le advierto: “Inda, tienes que defender el paso de las Termópilas del ejército persa”. “¿Qué me quieres decir con eso?”, me preguntaba las primeras veces. “Pues que cuando la Clau te demande respuesta, tú primero observa al enemigo, luego lo analizas, después prepara la estrategia a seguir y finalmente defiendes tu terreno. Y no hables claro”. “¿Que qué me querías decir el otro día con eso de la guerra?” “Eres un desastre Indalecio, que tu mujer te sonsaca y no te das cuenta y le dices lo que no debes. Y a los amigos, igual”. “No te diría yo que no, ¿y a ti no te pasa eso?” “Yo no estoy casado, pero con mis chicas me cuido, ¡faltaría más!”.
Claro que la teoría es una cosa y la vida es otra. Yo, dándomelas de entendido y repartiendo consejos, y luego resulta que a mi me han pillado mis chicas las veces que les han dado la gana. Adelanto que las busco de una en una y no en tropel, porque parece que según me expreso soy el sultán de una colonia de huríes. ¡Qué va, más quisiera! Es que me duran poco y como muero por ellas, pues enseguida estoy al acecho hasta que empalmo con otra chica cuando sale a tiro. Lo cierto es que ninguna quiere estar conmigo, en cuanto descubren mis engaños con trampas sibilinas, se me van. De verdad lo digo, que mis mentiras no son pecaminosas, son inocentes, que yo las respeto a ellas y no hago nada malo.
Estuve la otra noche cenando con los compañeros, celebrando que este mes no nos ha tocado a nosotros el despido. Le anuncié a Tere, mi chica, que iba a ser una cena casi tan infantil como la merienda de unos niños en un cumpleaños. La chica estaba a mi vuelta en la cama, esperándome. Y empieza:
- ¿Cómo te lo has pasado?
- Oye, muy bien, esta vez muy bien. Es que cuando se pone a hacer cosas María... ¡No, María-no, el apoderado, el calvo, ya sabes tú quien es! Ese que es medio maricón.
Caí en la red. Toda la noche de espaldas. Me tocó sufrir, porque yo venía a tono con las copas y la María dispuesto a una salvajada. Y nada.
Por la mañana, una de cabreo. Tengo en una mesita una foto de mi ex, que mi chica fue precisamente quien me señaló el lugar donde debía estar. Me dijo: “La pones aquí, que es donde mejor se ve. Yo no soy celosa, cariño. A fin de cuentas tú estás divorciado y a mí no me va a hacer ningún daño”.
Pero haciendo limpieza, o haciendo que la hacía, coge la foto y me la enseña, frontal.
- Oye, aquí está la foto de tu ex, otra María, ¿qué hago con ella?
Macho, me entró un subidón de tres pares de cojones. Me vi perdido. ¿Qué le digo?
- Si le digo: ¡hazla trizas! Muy mal, porque me va a decir:
- ¿Qué pasa, que todavía sientes afecto por ella, que te conmueve si la ves?
Y si le digo lo contrario:
- Guárdala o colócala en otro sitio si te molesta, pero no la rompas, mujer, porque da lástima romper una foto.
- Mucho peor.
-Ah, ¿no? ¿Y para qué coño la quieres, es qué te vas a hacer un póster con ella? ¡Ya ves!, podías haber elegido otra foto y no ésta, porque aquí parece que se ha caído es un charco de agua. Mírala, si está que no se le puede mirar. ¿Dónde se la hizo, en el pueblo?
Contéstale como quieras, que no hay escapatoria posible.
Me da lo mismo una chica que otra, todas me llevan por donde quieren.
-Oye, dicen mis padres que como ya se ha terminado en Tomelloso la vendimia, que si pueden venir a pasar unos días con nosotros y así te conocen.
A mí la crisis me está jodiendo. Llevo dos meses sin cobrar, la empresa está despidiendo a gente y yo no lo tengo muy seguro. Mi Tere no lo sabe y yo no quiero advertírselo para que no se me vaya como se me van todas. Me excusé:
-Pues te soy sincero, para nada me viene bien ahora que vengan tus padres, porque yo estoy muy liado en este momento con el trabajo. Figúrate que me han encargado los jefes un trabajito de aquí te espero y no sé si me saldrá, porque no me han dado apenas tiempo.
Mal asunto.
Claro, si fueran tus padres, verías que pronto estaban aquí.
Y se me pone de morros una semana.
Pero podría decirle que sí, que vengan cuando quieran y se pasen un temporada aquí en Madrid.
Peor.
- Es que como tú estás a la sopa boba, ni te enteras. Todo lo tengo que hacer yo, si tú pusieras algo de tu parte... Pero como eres un vago... ¿Qué quieres, llenar la casa de gente y yo que me mate trabajando?
Al Indalecio lo comprendo, pero no debo decirle los fallos que yo cometo, porque se iban a reír de mí toda la pandilla. ¡Con lo bocazas que es!
Y es que a veces las respuestas me embargan, me superan. No, a decir verdad, me superan ellas, las mujeres, que me dan cien vueltas y me marean.
Aunque yo creo que la crisis que tengo encima es la que de verdad me nubla la razón.


Je je je: por la boca muere el pez. Bueno, yo sigo rezando para que no me toque a mi el mes próximo:-)
Besos
La crisis pasará como pasa cada mujer (de una en una) por tu vida. No te quito yo razón en todo esto de las "encerronas" de las mujeres, aunque habría que añadir, para ser justos, algún post sobre las de los hombres. Te lo perdono intuyendo que tú de eso, qué agraciado, no habrás experimentado mucho, jeje.
Un abrazo
No le des vueltas, amigo. Queramos o no, son bastante más inteligentes que nosotros y si además nos tienen embebidos con sus gracias, perdemos el oremus.
Procurar ser poco locuaz y decir a todo que si y cuando se tense la cuerda como para romperse, en tu caso, puerta y otra que ocupe el lugar.
Un abrazo y paciencia.
Qué gilipollas uno.... ¡Qué gilipollas he sido yo pensando en que tú, MCisneros, tenías mas o menos mi misma edad: "de la quinta el saco"...!. En este último post deduzco que no es necesario que te quites años (como decías en el anterior que te quitabas para engañar a tu amigo) para ser infinitamente más joven que el que subscribe. Ya me lo dice eso de que en cuanto una chica te abandona etás loco por empalmar con otra. Y esto te lo digo tenga o no tenga doble sentido intencionado el verbo "empalmar", leido aquí con muy dudosa semántica... Jaaá, ja ja: Yo en mis tiempos, no necesariamente tenía que tener chica para empalmar. Así que, tampoco eres muy joven, de los de esa edad en la que lo del empalmado surge a la vista de una cabra...
Muy bueno, sacado del libro el club de la comedia... Me lo leí una vez y me hizo mucha gracia.
Saludos!!
siempre tenemos las de perder jajajaj.
un abrazo.