Dejé aquí más abajo a Bond, James Bond, descansando, que vaya palizas que se mete también este buen hombre, moviéndose más que la bolsa. No tiene descanso. Realmente, y como orientación, lo inmediato más despeñado de aquí es un poema de uno de mis sabios favoritos. Pero más para el fondo ya se estaba preparando Indiana Jones con su látigo de cuero blando y castigador.
Y es que el mundo está lleno de aventureros. Una vida de acción sin posibles, por muchos bonos a largo o medio plazo de bolsa que se posean, se convierte ahora en una hazaña imposible. La crisis, palabra femenina al fin y al cabo, nos trae por la calle de la amargura. ¡Que me lo digan a mí! Por la crisis, vaya. Resulta muy extraño imaginarnos a Indiana Jones dando vueltas de aquí para allá recorriendo mundo con un sueldo de profesor y buscando cosas que no sirven para nada. ¿Qué necesidad tiene de meterse en fregaos! Claro, así las llamadas las hace a cobro revertido y le da igual que llame a la esquina desde otra esquina o desde la quinta puñeta para solicitar un giro (telegráfico, más rápido) porque una pandilla de granujas lo ha dejado tieso. Siempre tiene el recurso, si el envío tarda, de vender en el mercado negro el idolillo que se llevó de extranjis en las ruina de Kuala Lampur y que guarda en la chupa negra de motero al uso. Aunque no siempre le salen bien las cosas y la pasma lo descubre y lo encierra, no siempre con buenos modales. Son problemas de la crisis que atravesamos.
Ahora, según están las cosas de difíciles, cualquiera que le guste correrse una juerga tiene que llevar en el bolsillo una tarjeta de crédito, aún a riesgo de que algún drogata saque una navaja y te la enseñe; o de que a la hora crítica la oficina de tu banco te anuncie que no te queda saldo disponible. Y a ver qué haces, si te encuentras de noche en la calle y sin un céntimo. Pues con ganas de atracar tú al primero que te salga al paso.
Yo, que me he visto en trances parecidos, he recordado unas veces a Don Quijote de la Mancha peleando con molinos de viento, creyendo el Bueno que son gigantes invencibles. ¿Y es que los cajeros no son gigantes dominadores de situaciones? ¿No te controlan, no te persiguen, no te castigan? Otras veces se me antojan enanos insufribles que te observan a cada paso que das. Están por todas partes y son como bicharracos armados con dotes de atracción y de engaño, Elfos traviesos que ofrecen pantallas con luces de colores, teclados con sonidos, y lo que sea menester para hechizar a los espíritus débiles. Algunos cantan y hablan y se ríen triunfantes si están cobijados en garitas en las que se cuelan los mendigos, los yonquis, los arruinados y, en fin, los despojos que va dejando tirados la economía, al uso de como se tira un pañuelo para los mocos después de usado.
Sin darme cuenta me he animado demasiado hablando de cajeros automáticos, cuando mi tema era para Indiana Jones. Pero no está mal, no me arrepiento, al fin y al cabo dos líneas divergentes me han llevado a una convergencia en un punto único: la economía. Si la llevo dentro, martirizándome, persiguiéndome, ¿cómo coño la voy a olvidar?


Aquí con un catarrazo o gripazo de la leche y recordandome la crisis... Que estoy en el paro y con tal estado de salud no estoy para recordar tales cosas... :(
En esta vida uno no tiene con quien contar...
Un beso y gracias por pasar por mi blog... No me hagas mucho caso que estoy algo loca... Solo algo...
Jejeje, si quieres olvidarla, no hagas lo que hacía Deralte -un amigo-, quien había notado en su agenda "tengo que olvidar a este amor imposible", tornando así imposible la tarea de olvidarla :-)