¡Ay, el cine! Me enamora el cine tanto o más como una chica de piernas largas y cintura estrecha. Y si su mirada es retadora, ni te cuento. La dependienta del Zara de Serrano, por ejemplo y por no ir más lejos. No hay que ir al cine para encontrar estas bellezas de cuerpos golosos y sobrehumanos. No, están en tu barrio, en la tienda, en el autobús... Hay pocas, pero están. Volvamos, volvamos al cine, que se me está escapando la cabeza hacia otros sitios vedados y no es este el motivo de ahora.
Hay en el cine frases que conmueven, unas por pomposas, atronadoras y de mucho rimbombo; otras son melosas, caritativas, justicieras, conspiradoras. ¿Quién es la guapa que no se acuerda de “Tócala, Sam”? (la gente, a decir verdad, la desfigura y dice: “Tócala otra vez, Sam”), o “Tengo un caballo, una montura y el desierto para cabalgar”, o “Juro por Dios que no volveré a pasar hambre en mi vida”.
Yo quiero aprovechar este momento por el que atravesamos para recordar la que dijo John Wayne: “Hay ocasiones en las que un hombre ha de tener lo que ha de tener”. Gloriosa y bonita, ¿eh? Mi problema está en que lo que debo tener no lo tengo, sobre todo en cuestión de liquidez. Y esto me supone un revés de bolsillo añadido a otros avatares. Compro una entrada, me arrellano en una butaca y ahí me las den todas, ¡que se me olvidan todas las penurias, vaya! Es que el cine da motivos para olvidarse de la crisis, de mi crisis. Yo siento envidia de los actores y me dan mucho que pensar. Porque, sí, en pantalla mucho ir de aquí para allá seduciendo a todas horas chicas espectaculares, palizas a todo trapo de las que salen con la ropa hecha jirones, caída sin paraguas de los aviones, cataratas por las que se desploman el bueno, el feo y el malo, y luego, hala, cuatro moretones de nada que no necesitan ni tiritas. Y a seguir con la vaina. ¿Y aquí qué pasa? ¿Que entre todos los ringorrangos de esta gente no se puede contemplar la posibilidad de que les roben la cartera y se queden a dos velas con lo duro que es, que de eso sé yo un poco? Pues no, no les pasa nada. James Bond porque es James Bond y este tío sale de la trifulca en Tokio por los pelos entre ascensores, conductos de aire y edificios que rozan las nubes. Acorralado y a punto de morir queda hecho un cromo; pero en la siguiente escena lo vemos en Acapulco ligando, gastándose una pasta gansa en el casino, beber de gañote, desconcertando al camarero pidiéndole un vodka martini “shaked, not stirred”, salta la banca y por si fuera poco se lleva a la chica más espectacular del casino, a esa que todos miran con deseo, a la habitación. Sin hacer una mueca, oiga. Eso sí, Bond, James Bond, es elegante a más no poder, con trajes de mil libras, buena presencia y modos ejemplares, gracias a los fondos reservados de los servicios secretos de Su Majestad la Reina, que lo ha educado y lo mantiene.
Cualquiera entiende que estos fondos deben ser de mayor hondura que los españoles, que sólo sirven para que un tal Roldán (no, el de Roncesvalles, no) se compre un par de pisos, una casa en las afueras, y ligue señoritas de medio pelo jugando al corro la patata en calzoncillos de lunares. Bond, James Bond, es otra cosa; viste esmoquin blanco o negro según la ocasión, y su presupuesto le da para invitar a la chica a langostinos antes de practicar el sexo. Cosa que se da por hecho -lo del sexo, claro-, porque muchas de estas hermosas damas aspiran, cual mantis religiosa, a mandarlo al otro mundo después del refocileo.
Y si hablamos de Indiana Jones, no acabamos.
Pero a este lo vamos a dejar para la próxima ocasión.


Indiana Jones me parece un poco más humano que Jaime, el espía británico, aunque eso sí, también sale siempre bien parado. Me gusta bastante el último Bond, no tanto el actor como el personaje, la más oscura y humana personalidad con que le han revestido y que me gustaría haber visto interpretada por Sean Connery, el único y verdadero Bond.
Saludos.
También me fascina el cine. La pantalla me envuelve en un mundo mágico y de fantasía, olvidándome por un rato de la realidad.
Me sienta bien, como un masaje, o un viaje de placer.
Un abrazo.
Estoy contigo Odys, el verdadero Bond estaba en el primero. No te enfades, pero para decirte esto no he debido tardar tanto tiempo.
Iluminada, tambien amo el cine, el buen cine. Qué bonita y sensual comparación. Me alegra encontrarte en mi rinconcito.
Abrazos y un beso, que siempre hubo clases.